viernes 20 de noviembre de 2009

Parece que no

Este silencio vino hecho de palabras

De fondo,
casi un silencio
de sonidos huecos.
Despeñándome
desde una altura antigua,
sin escalas
llego al inicio.
Pesan las pestañas,
resisten al viento.
Labios secos
que no logro desafiar
insisten
amargos, definitivos
silentes.
Y todo sigue comenzando
aunque no parezca.


jueves 15 de octubre de 2009

Impertérrita

No encontré un calificativo más adecuado, entonces dejé de adjetivarla y declaré que ése sería su nombre.
Impertérrita se había presentado a un concurso que elegiría al nuevo jefe de trabajos prácticos de la cátedra de Educación y Ética, de la cual yo era creadora y profesora titular.
Ya me había asombrado al leer el examen requerido para el puesto, las palabras precisas, la síntesis buscada, interpretaciones adecuadas. Sobresaliente.
Volví a sorprenderme cuando se presentó a la entrevista personal. Impertérrita era todo lo contrario a lo que mi prejuicio había aventurado. Tenía esa clase de belleza zonza que portan las caras de rasgos perfectos. Cada cosa en su sitio y en equilibrada proporción. Iba prolijamente vestida con colores armónicos, la ropa se ajustaba a su figura elegante. El cabello, de un lacio y un color inmaculados, ni una sola mecha fuera de lugar. Sus manos lucían uñas recortadas y barnizadas de un esmalte inalterable.
Durante la entrevista, Impertérrita contestó cada pregunta con voz clara y respuestas certeras. Dijo cada una de las cosas que los profesores presentes queríamos escuchar.
Toda mi naturaleza femenina luchó para no caer en la inevitable comparación y sin desearlo me vi despeinada, con la ropa que trabajosamente había logrado seleccionar de mi placard, mis dedos llenos de anillos y las uñas sin pintar, básicamente maquillada, con mi hablar atropellado y la risa estentórea, la punta de las botas gastadas y las raíces del pelo descoloridas.
No me acuerdo de qué pretexto me valí para dejarla fuera de carrera y elegir a otra candidata como profesora. Sólo sé que tanta perfección no me pareció real.
De todas formas, cada año, cuando me dispongo a dar la clase “Los valores y la ética en el aula”, me acuerdo de Impertérrita.

viernes 25 de septiembre de 2009

Una sabe

Ella lo espera hace rato y mientras tanto repasa las pocas frases que él le arrojó alguna vez; las evoca, obstinadamente. “Este tipo parece el destino personificado”, piensa. Él le dijo que no era un instrumento que ella afinase a voluntad, que tenía sonido propio. Ella sabe que, como al destino, es en vano cambiarlo. Él también le dijo que ella, como a la vida, era en vano entenderla.
La sedujo su aspecto de patriarca bíblico modernizado y su mal disimulada mirada. El hombre la había estado observando sin proponérselo, mecánicamente al principio; casi con descaro, luego.
Al momento de la consabida presentación pronunció su apellido, como si pretendiera que con sólo ese dato, la mujer pudiese registrar su persona. Ella ya lo había registrado en el momento exacto en que se estrelló contra su mirada gris. Una sabe cuando la miran.
Lo espera sabiendo de antemano que no vendrá, al menos por ahora. Él huye y eso la gratifica, si escapa ante el peligro, significa que se siente amenazado. Luego vendrá la persecución y ojalá, la captura. Ahora él huye. Una sabe cuando huyen.
Él tendrá que afrontarla o alejarse. Ella tendrá que desistir o esperar.

jueves 17 de septiembre de 2009

Días como gotas

Hay días que se convierten en memorables en la vida, por diversas razones. Hay otros que pasan sin ser grandes protagonistas, pero conforman un interesante elenco de reparto. Y hay de los dos tipos. Ayer fue un día de esos últimos: cotidianos e intensos.
Podría contar todas las peripecias que hicieron que pasara de un estado de ánimo a otro, en la amplia variedad cromática que tiene mi paleta de humores diarios. Pero no es necesario, todos vivimos así en estos tiempos y no resultaría nada original.
Cuando todo quedó en silencio y me adueñé del tiempo nocturno pensé que, a veces, los días son como gotas. Los vemos desfilar casi iguales, en una sucesión perfectamente rítmica y nos preguntamos cuál de todos ellos será el que nos moje, en qué lugar y qué marca dejará.

Imagen extraída de Getty Images

sábado 29 de agosto de 2009

La espera dió sus frutos

El día 16 de septiembre sale a la venta "Cantares de la incordura", una antología de Editorial Dunken. Mi cuento "La espera" fue elegido para formar parte de ella.
Hace tres años empecé a escribir de otra manera y este blog, entre otras cosas, formó parte del camino elegido para la escritura. Por eso creo que forma parte intrínseca de ésta, mi primera publicación en papel, dentro de un libro.
Por el blog también fue que conocí a Gilda Manso, quien luego se convertiría en mi amiga. La alegría de este libro es doble, ella también forma parte de la antología.
Sólo quería compartirlo y agradecerles el intercambio, es un gran combustible

viernes 14 de agosto de 2009

Acto de certidumbre.Escrito junto a Nanim Rekacz

Yo no soy Mahoma y ese espejismo no debe ser una montaña.
El espejismo se acercaba, a contraluz del sol.
Si no soy Mahoma y ese espejismo no es una montaña, tal vez yo sea la montaña viendo acercarse a Mahoma.
El espejismo continuaba avanzando.
No puedo huir. Estoy aferrado a las profundidades de la tierra.
El espejismo subía la ladera.
—Es idéntico a mí.
El espejismo hacía temblar las piedras, sembraba sombras, abría grietas de lava.
—La fe mueve montañas...
Y se arrojó al espejismo, desgarrando los cristales pétreos de sus entrañas geológicas.

lunes 10 de agosto de 2009

Terror en la puerta

Cuando la vió, tirada en la entrada de su casa supo que nada sería igual. A pesar de haberse preparado para el momento, de ensayar actitudes, de hilvanar reacciones, el terror la detuvo frente a esa evidencia reconocida y temida.
Sabía que no tardaría en aparecer, justo ahí, en el piso, esperando su entrada y anunciando la tragedia, como un cartel de bienvenida.
Lo habían anunciado en los noticieros, sin embargo ella lo sentía casi como una venganza personal y privada.
Ya había evaluado todos los atajos: no había escapatoria, solo restaba obedecer y rendirse; si por el contrario, se negara a ese designio, las consecuencias serían más terribles aún.
Con la última fuerza que le daba conocer lo inevitable, se agachó, acercándose al piso, casi sin respirar y de un solo movimiento, abrió la sentencia que anunciaba, luego del sangriento aumento, la boleta del gas.