Cada anochecer, el último de los terapeutas se retira, apaga las luces y cierra la puerta de los consultorios. Entonces, salen de sus escondites las voces de los pacientes, ecos y reverberaciones de los discursos desplegados.
Y ya sin represiones que encadenen, sin mandatos que acorralen, sin negaciones que desatiendan; fuera de cualquier ley ni bajo control de autoridad alguna, las voces emprenden bacanales, orgías, banquetes y aquelarres. Libres, inconscientes, hasta la mañana siguiente, cuando se esfuman y desaparecen.
6 watios:
¡¡Y yo que creía que los guardaban bajo llave!!
Besicos
Estábamos todos engañados. Beso
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Entre bacanales y aquelarres, qué tema si un día queda la puerta abierta.
Y yo que creí que las voces solo estaban en mi cabeza.
Iván: hay que tener cuidado con las puertas. Beso
Hernán: la mejor forma de sacarte la duda es conseguir testigos. Beso
Un buen terapeuta se lleva las voces a casa, quien sabe si le pueden hacer falta para usarlas con - contra su mujer, la noche es muy dura, casi tanto como el día en la consulta....
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