domingo 16 de octubre de 2011

Trampa

¿Cómo había caído allí si lo único que había hecho era espiar desde lo alto? Algún mal movimiento, quizás. ¿Cómo haría para escapar? Tenía poco tiempo para idear un plan, algo que la saque de ahí antes de que todo empeore.
Estaba empantanada en ese líquido denso, caliente como un lodazal que despedía una mezcla de olores extraños e insospechados y emanaba un calor excesivo; vapores pesados se elevaban y le hacían más difícil respirar.
Por más fuerza que hiciera, no podía despegarse de esa espesura olorosa. Todo su cuerpo sucumbía a los movimientos y cada vez se hundía un poco más. Por más que se hiciera oír, nadie interpretaría su pedido de ayuda.
Un cierto presagio la alarmó, cuando notó que la quietud se instalaba en su charco caliente. Confirmó que el fin se acercaba cuando un alarido hizo temblar sus alas sucias. La misma voz fue la que llamó con insistencia al camarero.
El recorrido de vuelta a la cocina fue su viaje final.

5 watios:

Iván Silvero dijo...

Ey, el clima tiene algo de Kafka.

Gi dijo...

¡Ey, muchas gracias!
Beso

Hernán Dardes dijo...

Mal momento el almuerzo para leer este cuento...

blopas dijo...

Al principio me hizo acordar tangencialmente a un cuento de R. Kipling, "La aldea de los muertos". Pero al final me quedé con la idea de un plato de polenta con pajaritos; gorriones, tal vez.
Saludos!

Gi dijo...

Hernán: ¡Perdón! Tendría que haberlo aclarado antes. Buen provecho

Blopas: pero qué grato verlo por aquí. ¡Gracias por la tangente a la que refiere! ¿Pajaritos, gorriones? Podría ser, aún no tuve el gusto.